RLT presente en las conversaciones sobre educación rural

Por: Maureen Pacheco*

 

En el panel sobre educación rural organizado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia – ICANH-, dentro del coloquio Campesinos, el jueves 10 de mayo de 2018, Catalina Ángel, de la Fundación Empresarios por la Educación, presentó el proyecto Rectores Líderes Transformadores y el alcance que ha tenido en las zonas rurales del país a través de nuestros rectores líderes.

El propósito del conversatorio era discutir cómo los problemas antropológicos del campo, las culturas campesinas y la reproducción del conocimiento en estos contextos, impactan los procesos educativos formales, informales y escolares. Para presentar  sus perspectivas frente a este tema, participaron también:  Ana María Lara, con avances de su  investigación “Entre lo visible y lo oculto”, que indaga en la vida de mujeres campesinas formadas por Radio Sutatenza, a través de las cartas que enviaban a la emisora, y a Oriana Zapata, ex conductora del programa ‘El campo en la radio’ de la Radio Nacional de Colombia.

El encuentro se convirtió en un recuento histórico de cómo la radio cumplió un papel moldeador de la educación y el futuro campesino en el país, desde su imagen hasta los roles dentro de las comunidades y familias. Ana María Lara, con base a sus hallazgos en las cartas a Sutatenza, realiza una recapitulación de cómo y para qué la radio llega al campo y asume un liderazgo de formación de dirigentes campesinos por medio del discurso de la ‘ignorancia’ con la que calificaban a la comunidad del campesina, y la religiosidad.

La audiencia femenina del campo de todo el país, enviaba alrededor de cincuenta mil cartas al año, y generalmente su totalidad recibía respuesta. En estas letras las mujeres expresaban sus preocupaciones, anhelos, angustias, sueños y temores, y su mayoría se repetían entre una mujer y otra. Entre las frases más usadas estaba “queremos salir de la ignorancia” la misma que Sutatenza les había convencido de tener. “Salir de la ignorancia es salir de un modo de vida” aseguró la investigadora. Así que la formación de dirigentes se convertía en un logro deseado por la mayoría, y cuando eran elegidos por los párrocos para iniciar el proceso se creaba un vínculo de gratitud hacia ACPO y Sutatenza, por haberlos sacado de su casa.

A pesar de su formación en los institutos de la Acción Cultural Popular -ACPO, cuando las mujeres regresan al campo se encuentran con un ambiente de resistencia por parte de sus familias, la comunidad y la misma iglesia. Por haberse ausentado del pueblo y de sus oficios, se les acusaba de haber ido a estudiar masonería, la iglesia veía a ACPO como su competencia, y en sus familias se les acusaba de haber abandonado a su madre y tener que asumir como ‘costo’ cualquier enfermedad con la que la encontrara al regresar. Este era un reflejo de cómo era asumido el desarrollo en el campo, porque a pesar de que en pocos casos las mujeres podían compartir sus habilidades para leer y escribir con su familia, generalmente no eran más que señaladas y acusadas. Estas cartas reflejan las angustias de cómo asumir estos retos, pidiendo consejos a las monjas del instituto ACPO. También se menciona el interés por saber qué pasará con la reforma agraria, teniendo en cuenta que los requisitos para ingresar a los institutos incluía contar con propiedad ahora o en el futuro.

Oriana Zapata asegura que estás angustias sobre las tierras continúan hasta la actualidad. Cuando Zapata conducía el programa radial de ‘El campo en la radio’ fue testigo de que la principal preocupación del campesino sigue siendo su propiedad, “como el campesino no es considerado sujeto político, no cuenta con leyes específicas” señalaba Zapata. Acusando que, a diferencia de los indígenas y los afrodescendientes, los campesinos no cuentan con una legislación colombiana que le asigne la titulación de sus tierras, y ni siquiera cuentan con un censo diferenciador del sector urbano. Por eso la radio, cómo medio masivo, sigue apostando a los formatos que le den mayor visibilidad e identidad al campo.

A través de la radio se logra posicionar el movimiento campesino y su interés de resolver los conflictos a través de la política, conversar sobre las políticas públicas, resolución de conflictos, los paros campesinos, el papel de la mujer rural, y los líderes gremiales. Zapata asegura que como lo fue la iniciativa de radio Sutatenza, los medios radiales siguen siendo los más efectivos para establecer diálogos con el campo, y que debe existir formatos que fortalezcan este vínculo ya que los campesinos son personas que “saben escuchar muy bien” según Oriana Zapata, y están abiertos a la reciprocidad comunicacional.

A continuación, Catalina Ángel, de la línea de liderazgo de Empresarios por la Educación, presentó la situación actual de la educación en la ruralidad. RLT llega a presentar un nuevo programa de acompañamiento y formación para los directivos docentes y fortalecer la figura del rector en los colegios. Actualmente el programa RLT cuenta con una presencia rural del 54% de sus rectores. Creando una mayor cercanía entre docentes, rectores y alumnos, y de este modo mejorando el rendimiento escolar de las escuelas del campo.

RLT compartió el caso del Rector Luis Iván Caipe, premio compartir, a través de la documentación de Tejiendo Puentes. Y cómo su proyecto como directivo ha sido recuperar el pensamiento rural, campesino, andino e indígena en las nuevas generaciones estudiantes.

Así mismo RLT se ha preocupado por identificar las causas más relevantes que crean la brecha entre educación rural y urbana. Entre las principales diferencias están: La infraestructura; la administración; la parte pedagógica y académica, en la que los profesores del campo atienden un mayor número de estudiantes por curso; los docentes y directivos son provisionales en el campo, y no garantizan estabilidad en los procesos de las instituciones; el ambiente escolar, donde tiene mucho protagonismo el contexto postconflicto en el campo.

Mientras que en el contexto urbano la mayoría de los estudiantes se gradúan cómo bachilleres, en el campo la mayoría sólo culmina la primaria y renuncia a la preparación escolar. La cobertura en educación es mayormente urbana, así como la educación superior se presenta en un 99% en las ciudades. Y el campo tiene un rendimiento generalmente de 233 puntos en las pruebas saber. Los directivos docentes rurales tienen una preparación generalmente de bachilleres pedagogos, licenciados, 5% especializados en educación, 12% cuentan con otra especializaciones, y un 10% no son licenciados y tienen una formación diferente, cómo en Derecho o Ingeniería. Por otro lado, los rectores rurales no cuentan con políticas educativas que indiquen cómo seleccionarlos, evaluarlos o formarlos. Y así, inician un proceso directivo sin tener conocimiento de sus funciones y con el temor de ser sancionados por tomar una mala decisión.

RLT cumple el objetivo de priorizar los aprendizajes y la formación de rectores, y les propone un nuevo horizonte para las especificaciones administrativas en liderazgo pedagógico o educativo. Así pues, para RLT es importante entender qué significa ser rector en áreas rurales y cómo debe ser la gestión en estos contextos. Cuáles son sus desafíos y el presupuesto con los el que cuentan. Para lograr pasar de la teoría, a lo que sucede en la realidad práctica del campo. Estas escuelas rurales deben tener en cuenta contextos tales como la minería ilegal, la diversidad étnica y cultural, la población rural dispersa, la violencia y conflicto armado, y la población rural flotante que se moviliza de un lugar a otro por ser parte de familias agrícolas que viajan de cultivo en cultivo.

Para finalizar este encuentro sobre la educación campesina en Colombia, se tuvo la privilegiada visita de Anaís, una joven representante de la Asociación de Trabajadores Campesinos del Carare -ATCC. Anaís vino a Bogotá a compartir la situación por la que ha pasado su región, y cómo está hoy luego de acuerdos propios de paz con los grupos armados que habitan en el sector. “Sobre los acuerdos que firmaron en la Habana: nosotros firmamos los nuestros en el Carare en 1987 con la guerrilla” afirmó. También señaló lo difícil que fue para su pueblo estar entre tres grupos armados como lo fueron las FARC, los paramilitares, y el mismo ejercito nacional. “Hubo un punto en el que el ejercito nos daba tres opciones: nos uníamos a un bando, nos íbamos, o nos moríamos.” contó Anaís sobre el Carare. Por todo esto el papel de ATCC ha sido trascendental en la formación de una comunidad empoderada política, social, y económicamente cuyo único objetivo ha sido vivir en paz.

Con una ronda de preguntas concluyó este conversatorio, dejando algunas preguntas aún por responder sobre qué y cómo seguir fortaleciendo la educación en el campo, el panorama del post conflicto, la preservación de las culturas indígenas, y el valor de la tierra.

Video del conversatorio:

* Comunicadora social – practicante Red de liderazgo educativo.
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