Estilos de liderazgo para gestionar el talento humano

Cada uno de los actores que integran las comunidades educativas cumple un rol significativo en la formación de los estudiantes y aporta a la construcción de una educación de calidad.

El líder transformador reconoce capacidades en otros y las potencia, ya que valorar el conocimiento, las habilidades, los gustos y las motivaciones de los demás es fundamental para promover el desarrollo personal, y conlleva a mejoras pedagógicas y a la implementación de prácticas dinámicas.

Todos tienen algo que aportar y si se trazan y comparten metas, se aúnan esfuerzos y se reafirman los propósitos colectivos teniendo como norte dinamizar la enseñanza, se fortalecerá la escuela.

Contribuir y apoyar el crecimiento personal y profesional del grupo de trabajo impulsa la creatividad y permite que los docentes se apropien del material y propongan prácticas flexibles y metodologías innovadoras según los contextos, que se acoplen a las necesidades de aprendizaje de los alumnos.

Por consiguiente, es primordial emplear habilidades, aptitudes y actitudes que aporten a una mejor gestión de los talentos, y valerse de múltiples estilos de liderazgo para mejorar el desempeño pedagógico de su plantel educativo.

Un líder que conoce y potencia las capacidades de su equipo, puede definirse por los siguientes estilos de liderazgo:

  • Autoritario: Al apoyar, acompañar, asistir y comprometerse con el cumplimiento de propósitos y metas propias y grupales.
  • Visionario: Cuando motiva al cambio, fomenta una visión compartida y traza caminos.
  • Afiliativo: Al construir lazos grupales, ser mediador e invitar a compartir un norte.
  • Democrático: Cuando incentiva el trabajo en equipo, pide aportes e involucra a los otros en la toma de decisiones.
  • Timonel: Al formular procesos, motivar y conducir acciones para el logro de objetivos.
  • Formador: Cuando identifica fortalezas y debilidades de metodologías, propone retos, e instruye y participa en su solución.

Igualmente, es importante tener en cuenta que tanto docentes como estudiantes experimentan formas de autoaprendizaje y desarrollo diversos, así que estas formas de gestión se deben implementar con flexibilidad. Un líder no puede centrarse solo en un tipo de liderazgo, por el contrario debe dinamizar sus prácticas para contribuir a la optimización de los procesos educativos en su institución.

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