“Los líderes escolares necesitamos un cambio de mentalidad”

Líderes escolares

Desde que finalizó su formación docente, Nidia Pérez Ortega, nacida en Veracruz, México; estuvo inmersa en la compleja realidad que viven muchas comunidades de América Latina. Fue su pasión y compromiso por la educación la que la transformó en una líder que trabaja por mejorar las condiciones de aprendizaje de los niños.

mapa Córdoba, Veracruz, MéxicoNidia comenzó como muchos maestros de la región: en medios rurales, con complejidades de alimentación, aseo y poca intervención del estado. Los años le fueron enseñando cómo comprender dichas realidades para tomar decisiones en beneficio de los estudiantes.

En la actualidad lidera la Escuela Primaria Vespertina Juan Escutia, ubicada en una colonia popular al noroeste de la ciudad de Córdoba, Veracruz; donde la principal fuente de ingresos de los habitantes es el comercio informal y el trabajo en obras.

De voz autoritaria, a trabajo en equipo

México, al igual que otros países latinoamericanos, tenía una dinámica de asignación de puestos desde las “amistades cercanas”. Por tanto, muchos rectores lograron un lugar en la escuela a partir de la relación directa con los sindicatos más influyentes del país.

Los directores, para ese entonces, tenían la última palabra, ostentaban poder ante la comunidad educativa. Nidia lo experimentó hasta que tuvo la oportunidad de participar en el Diplomado Internacional de Liderazgo Educativo de Mexicanos Primero, organización de la sociedad civil que tiene como objetivo generar cambios en la política educativa del país.

La clave en el aprendizaje fue llevarlo a la práctica con los docentes, padres de familia y estudiantes. “Reflexionando entre todos fuimos cambiando. Cada persona es diferente y hay que entenderlos. Fuimos reflexionando poco a poco y generando un cambio trabajando en colectivo”, afirma la líder escolar.

Después de finalizar su formación y compartir nuevas prácticas con toda su comunidad educativa, Nidia siente que el liderazgo tiene poder de transformación y permite que los líderes adquieran visión, aprendan a planear, coordinar, desarrollar y evaluar procesos que antes parecían invisibles.

“Hay gente que dice: – Yo soy el director, yo soy la última palabra-. Tenemos que tener mentalidad de apertura y saber que un líder escolar somos todos, porque cada uno tiene algo que ofrecer. Todos los maestros somos líderes en algo y como director tienes que ser observador con ellos, apoyarlos, motivarlos”, señala al referirse al impacto en el cambio de dinámicas en su escuela.

Admite que uno de los factores indispensables es saber que no existe el líder solitario, sino aquel que aprende a valorar la participación, confía en el trabajo en equipo y promueve la inclusión de todos los actores involucrados en la formación de los niños.

Sin embargo, para comprender dicha dimensión es fundamental que los líderes cuenten con apoyo y acompañamiento que los enriquezca en conocimiento y fortalezca sus competencias como profesionales. Además, se abran a compartir experiencias que mejoren las prácticas pedagógicas y administrativas de la escuela y permitan tejer redes de aprendizaje entre equipos directivos de América Latina.

 

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